Relajación y Meditación.

El crecimiento personal supone, una elección de vida, que tiene como propósito el autoconocimiento. Desde un punto de vista de conciencia que comunmente se entiende como estado de vigilia, el autoconocimiento, o la elección de querer comprender las actitudes y el comportamiento, explora en un área circunscrita al terreno de la personalidad. Esto quiere decir, en un nivel, que cuando profundizamos, nos damos cuenta que es un tanto superficial como se podrá apreciar más adelante.

Analicemos el término “Personalidad”.  Etimológicamente, de su procedencia del griego, “Personalidad” (persona - prosopon) significa máscara teatral. Personalidad implica los aspectos psicológicos y biológicos que caracterizan a cada persona y la distingue de las demás. Por mucho tiempo se consideró que la personalidad era inmodificable, por lo que se entiende derivó su denominación del griego haciendo referencia a la máscara teatral que era invariable y fija; siempre representaba la misma particularidad. Este concepto quedó totalmente descartado a medida que las sociedades avanzaron en el conocimiento general en cuanto al desarrollo del comportamiento humano (así como los aspectos biológicos van evolucionando, los psicológicos también y hacen que varíen las características individuales). Aquí vamos a quedarnos con el término máscara, con el sentido de referir  personalidad como el enmascaramiento del verdadero potencial innato que sucumbe en el ser interno de cada individuo, ante la influencia que ejerce determinado tipo de educación, costumbre e idiosincracia de los diversos núcleos sociales. Desde que nace al niño se le está diciendo como tiene que actuar; se le muestra el libreto, de cual es la mejor forma de conducirse en la sociedad, no en la vida que es algo muy distinto y que poco se prepara para ello. Los padres primero, luego los maestros hasta llegar al entorno, todos intervienen para darle sus indicaciones, limitándolo y estrechando su desarrollo a pautas establecidas.  Generalmente queda descartado  ese potencial innato y va siendo suplantado paulatinamente por presiones  educativas que hacen que el niño lo vaya archivando en algún rincón de su ser. Se crea así la personalidad, impregnada de frustraciones, tensiones y una falsa imagen de sí mismo, que provocan posteriormente comportamientos contrarios a la propia naturaleza del ser original, a la auténtica realidad que es el verdadero ser. Se toma como pauta educativa  fundamental, la competitividad. Un individuo competitivo es un individuo que socialmente tiene grandes posibilidades de éxito; pero ojo, el éxito económico o de prestigio público, lo que no asegura la realización como ese ser total o verdadero.

Hay dos aspectos importantes a tener en cuenta que inciden en la formación de dicha personalidad, que me interesa resaltar. Uno que integra un grupo de estímulos formativos (entendiendo como formativo en este caso, toda acción que provoca una transformación en la persona y que se refleja en una característica específica con incidencia en el comportamiento) que se transmiten de forma inconsciente entre las partes protagonistas de todo núcleo familiar. A este fenómeno lo denomino “Impregnación por Ósmosis”. ¿Qué quiero decir? Que todo niño, en el seno de su familia y desde su nacimiento absorbe de sus progenitores, sin que éstos los transmitan conscientemente, y sin que el niño se de cuenta, un contenido de valores, positivos o negativos, que van creando la personalidad con la cual posteriormente ese niño, en su vida de adulto va a desenvolverse en su entorno. También las respuestas de ese niño mucha veces incide en la personalidad de sus padres afectándolos de alguna manera. El otro aspecto que quiero destacar es el educacional. Por un lado la transmisión consciente de valores y formación de hábitos que los progenitores aportan a sus hijos, y que obedece a herencias generacionales que a través de los años forman las idiosincracias y costumbres de los pueblos; y a ello se agrega la educación formal que los programas de los gobiernos establecen a su conveniencia a fin de supuestamente encauzar a las sociedades que dirigen. Paralelamente también se puede considerar las doctrinas religiosas que en algunos casos son de gran impacto personal y social. Además de ello, hay un tercer aspecto que elude todas las limitaciones que puedan significar lo referido hasta ahora para el desarrollo de un autoconocimiento en libertad y es el bum de la navegación por Internet, revolucionario medio de casi imposible control y que aporta el conocimiento sin restricciones al cual cualquiera puede acceder. De esta ensalada de estímulos es que se va desarrollando la referida personalidad, con diversidad de variantes de acuerdo a las infinitas características que van surgiendo a medida que las generaciones se suceden. Para completar la idea, debo especificar que los factores mencionados no son los únicos que tienen su influencia, también mantienen su importancia aquellos que derivan de los avances científicos, tecnológicos, etc., que inciden en la calidad de vida y el confort de las personas; lo cual también tiene su pequeña cuota de aporte para que cada ser humano cuente con sus propias características en el orden de su comportamiento y desenvolvimiento en la vida cotidiana.

Una vez hecho este razonamiento cabe hacerse algunas preguntas: Después del crecimiento hasta un nivel que se pueda decir que se ha alcanzado cierto grado de madurez, ¿dónde quedó el verdadero ser?; ¿dónde está nuestro potencial innato que traemos desde antes de nacer? Cuando se produce dicho acontecimiento, el nacimiento, es que a partir de ese momento el niño comienza la búsqueda de su propia identidad. Es una necesidad implícita, que a través del crecimiento hacia la vida adulta, atravesando vivencias compartidas, va aflorando el ego por el permanente asedio de la causalidad externa, ya mencionada anteriormente. Hay que tener en cuenta que la sociedad impulsa a ser cada vez más competitivo. Esto comienza a ser una carrera inversa al conocimiento del verdadero ser que se lleva adentro. A cada instante crece el distanciamiento de lo que se es realmente en la profunda naturaleza original y lo que se aprecia en el acontecer diario. El sentido de pertenencia va creciendo en ese niño. La diferenciación con sus pares y con la propia existencia hacen que el verdadero conocimiento del ser se vaya nublando. La concepción que va adquiriendo de sí mismo es irreal, si bien es necesaria para poder sobrevivir, para poder tener una imagen de quien es o que supone que es o poder sentir que se es algo frente al mundo en el que convive. Esto hace que el ego vaya siendo cada vez más fuerte, pero cada vez más sumergido en la limitación de la competitividad. Todo se vuelve racional para poder sobrevivir a las exigencias del mundo material y olvidando muchas veces las riquezas y valores del universo espiritual. El estrés las angustias y por ende las frustraciones por no lograr lo deseado, bloquean con insistencia a través de una mente dominadora, el crecimiento hacia la libertad del ser interior y verdadero que se mantiene latente a la espera del despertar de conciencia.

Es por ello, que cuando se habla de crecimiento personal o autoconocimiento, nos circunscribimos a una realidad ficticia donde el concepto nos guía en un campo que no profundiza en el verdadero conocimiento del ser. Convencionalmente el ser humano se ha analizado en sus aspectos físicos, emocionales e intelectuales (mentales); pero los aspectos espirituales que van más allá de los habitualmente conocidos, son muy poco considerados y en realidad son los que verdaderamente habría que comprender y aceptar para que se entienda el ser en toda su dimensión; y con todo respeto no me refiero a la espiritualidad religiosa, sino a esos aspectos del ser que con tanto esfuerzo da explicación la ciencia parapsicológica y que en los últimos años la física cuántica ha conseguido aportar el aval mediante sus investigaciones. 

Entonces ¿qué hacer? Lo primero, tomar conciencia de la totalidad del ser. Lo segundo, ir descubriendo como mantener el equilibrio de esa totalidad. Lo tercero, crecer hacia la libertad individual, que es una consecuencia de las dos primeras.

Una gran alternativa es aplicar las cuatro pautas para el “Crecimiento de la Vivencia Total”:
“El Conocedor” (Néng zhī); “El Hacedor” (Zàowùzhù); “El Testigo” (Zhèngrén); “El Dejar Ser” (Líkāi).

La toma de conciencia de la totalidad del ser implica un análisis teórico de la conformación del ser y una práctica de vida que se va sucediendo como un nuevo estilo a medida que se aplican las pautas mencionadas, que permiten el dicho  “Crecimiento de la Vivencia Total”. El mantenimiento del equilibrio de la Totalidad conlleva a la práctica de técnicas meditativas y en algunos casos a terapias específicas, que conducen a alcanzar el estado de Meditación; tema ya desarrollado en otros artículos del blog.
                                                                                                         Angel Fantauzzi

Enero 17th, 2011 at 23:13 and tagged  | Comments & Trackbacks (0) | Permalink